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El Confinamiento desde un pueblo de Cataluña

Hola, Tengo 30 años, vivo en un pueblo de Cataluña, estoy en el paro y estudiando en la UNED. 

Estoy pasando el confinamiento sola y apenas conozco nadie en el pueblo porque me mudé hace poco. Por la noche estoy nerviosa y duermo mal, sin ganas. Durante el mediodía hago una siesta extraña, me siento terriblemente cansada, pero apenas puedo dormir. El whatsapp y el Skype me generan mucha frustración. Quiero ver a la gente, hablar con ella cara a cara y si se puede, tocarla…

En el 2017 viví una crisis psicológica bastante intensa, en la que sufrí pensamientos paranoicos y un pánico atroz. Mi reacción instintiva inicial fue encerrarme en casa, me daba pánico salir a la calle, cualquier persona podía perseguirme. Poder volver a la normalidad fue un proceso muy largo, de más de un año, con visitas al psiquiatra y medicación.

Esta situación de confinamiento me hace rememorar esa crisis que viví. Tengo la sensación, pero, que los roles se han invertido, ahora no soy yo la que siente pánico y se encierra en casa, sino que es la sociedad. Es como si estuviera delante un espejo y pudiera ver reflejado mi miedo de aquel momento. Veo mis familiares, que antes me insistían en que saliera a la calle, que nadie me seguiría, y ahora me piden que salga lo mínimo posible y me proteja de un enemigo invisible: el virus. 

Si algo aprendí de esa experiencia es que el miedo puede hacerte tomar decisiones irracionales. Creo que mucha gente, cuando siente miedo, quiere estar encerrada en casa, aunque no sepamos a ciencia cierta si encerrarnos nos va a proteger. Por otro lado, el miedo puede llegar a ser nuestro peor enemigo. Primero, porque es un sentimiento muy difícil de soportar durante períodos prolongados, desgasta y te hace sufrir mucho. También, porque si sentimos miedo y nos dejamos llevar por él, dejamos de hacer cosas que nos gustan.  El miedo es bueno cuando nos sentimos capaz de controlarlo y sabemos convivir con él, cuando comprendemos que en la vida todo entraña riesgos y que a veces es mejor asumirlos para disfrutar de las cosas que te gustan.

Con esto no quiero restar importancia a la crisis sanitaria que estamos viviendo, pero si poner en duda las medidas estrictas del confinamiento, las cuales no parecen estar probadas científicamente, y nos están privando y haciendo temer esas experiencias aparentemente banales, que en realidad dan sentido a nuestra vida: salir a la calle, estar con la naturaleza, relacionarnos con las personas… El encierro, además, nos hace más predispuestos a sufrir miedo: nos quedamos encerrados, algunos solos, más nerviosos de los normal porque no podemos quemar energía, sin tener al lado personas que nos calmen, y además, con el peligroso vicio de mirar todas estas noticias alarmistas, creadas, lamentablemente, por personas que no deben ser muy conscientes de que también están asustando a sus allegados. 

Me pregunto: ¿Encerrándonos, qué ejemplo de cómo se tiene que vivir la vida estamos transmitiendo a las nuevas generaciones? 

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